“La Historia de Ismael: Un Ejemplo de Perseverancia”

27 octubre 2009 en 13:08 | Publicado en Técnicas para Mejorar las Ventas | 10 comentarios
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La Perseverancia también va de la mano de nuestro análisis de las fortalezas y debilidades nuestras. Es importante ser Perseverante, pero también Realista.

sta es la historia de Ismael (para no poner siempre Juanito), una historia que podría ser no real, pero me sirve para graficar lo que quiero contarles.

El padre de Ismael solía imaginar un balón en vez de un hijo durante el embarazo. Esa redondez evocaba ese elemento tan difícil de domar para algunas personas. Ismael creció en una familia llena y rodeada de fanáticos del fútbol. El deporte rey adornaba el hogar de posters, fotos, y hasta rayados de muralla.

Lamentablemente, Ismael nació con una malformación en una de sus piernas. Su caminar era un poco más complicado que lo normal. Pese a eso, y, gracias al apoyo de la familia, ese defecto pasó a ser secundario en su vida, menos en una cosa: No le permitía jugar perfectamente bien el deporte que era parte de sus sueños.

Pero luego de consultar a algunos médicos, a los 8 años entró a una Escuela de Fútbol. La mirada atónita de muchos de sus compañeros se cruzaba con la mirada sarcástica de otros. Tenía amigos, pero también enemigos. Estos últimos no comprendían cuál era el motivo de la llegada al club. ¿Por qué si él tenía ese problema físico osaba retar al destino?, ¿No sería una pérdida de tiempo?.

La peor de las pesadillas de la familia se había cumplido. El amor al fútbol distaba mucho del talento del joven. Aunque practicaba, su desempeño era precario. Ismael siguió adelante. Tenía en mente el Campeonato en Zapallar Inter Colegios, que se desarrollaría dentro de un mes. Fue así que, sin descuidar sus estudios, se preparó física y mentalmente para el momento. No había minuto del día que este desafío no dejará de volar por su mente.

Los sábados y domingos salía a trotar al alba, nada podía fallar. Su falta de talento era suplida por su perseverancia y su tenacidad. Parecía luchar solo contra el mundo. Era una lucha con la banca, ya que pese a todo, no era titular.

Siempre fue la última obsesión, ser titular de su equipo, con su defecto físico. Sin querer, este pequeño defecto detonaba mucho de su fuerza interior, fuerza que canalizaba en un sólo objetivo. Lograr triunfar.

Pasaron los días, en los que no dejaba de agradecer a su familia todo el apoyo y el cariño. La ansiedad y los nervios por lo que se avecinaba hacían que las horas de sueño fueran más cortas, sin embargo, el cansancio le pasaba la cuenta.

Por fin llegó la hora del Campeonato. Ese sábado se presentó como un bonito día. El sol brillaba con un esplendor especial ante todos los buses de las delegaciones de colegios de distintas ciudades del país.

No fue novedad para Ismael estar en la banca. El se había preparado mentalmente para ello. Su equipo, favorablemente, corrió acompañado de la suerte y del talento de aquellos jóvenes jugadores. Era impresionante cómo tomaban en serio este deporte. Fuera de la cancha eran niños, dentro de la cancha eran pequeños profesionales.

La buena fortuna les sonrió, lo que permitió que llegaran a la final. Ismael vibró con cada minuto de los partidos que acompañaron esa mañana. Su garganta, afónica, apenas emitía sonidos. Sus zapatos de fútbol mostraban una lustrosa pasada de betún mientras brillaban vistosamente.

El equipo de Ismael estaba en pleno partido, había pasado ya el primer tiempo y no podían revertir el marcador. 2 a 1, ni en sus peores pesadillas. Los minutos se hacían eternos, como también los intentos por dar vuelta la situación. Los pequeños jugadores estaban muy agotados, se les veía en el rostro.

A cada minuto que pasaba el peso de la responsabilidad se hacía sentir. El pronóstico no era de los mejores e Ismael lo sabía. Desde la banca, pese a su afonía, gritaba para apoyar a su equipo. Cada segundo que pasaba los alejaba de la tan ansiada copa. No podían ser más, tampoco podían ser menos. La suerte no estaba a su favor.

Ya en los últimos minutos ocurrió lo impensado. Un prominente ataque del equipo de Ismael se transformó en penal. El estupor invadió toda la cancha, era la oportunidad que esperaban. Pero lo peor estaba por venir. Ningún jugador del equipo de Ismael quería tener la responsabilidad de patear el penal. No tenían el suficiente valor, pero el árbitro presionaba. Esta es mi oportunidad, dijo Ismael, desde la banca. Prácticamente le rogó al entrenador la oportunidad. Su sueño de toda la vida y el de su familia. Era sólo una oportunidad, se repetía. El entrenador penetraba con su mirada al resto del plantel, que la esquivaban tras acobardarse. Era demasiada la presión y muy cortos sus años. El miedo a fallar era invencible.

La oportunidad de Ismael estaba sólo a un paso. La insistencia y entusiasmo dieron sus frutos. En un momento de debilidad el entrenador lo miró a los ojos y le dijo a Ismael: “Hazlo tú”. El corazón de Ismael casi estalló de felicidad. Su perseverancia estaba a punto de concretar sus anhelos. El momento había llegado.

De la banca del equipo pasó a transformarse en la única esperanza. Por todos era conocido todo lo que se había esforzado y entrenado para el momento. Todos, incluso los equipos ya descalificados se sumaban a su iniciativa.

Ismael estaba contra el tiempo. Tomó el balón en sus manos y lo puso en el punto del penal. Su instinto le decía que el balón debía estar ligeramente inclinado a la derecha. Horas de entrenamiento, de luchar contra su defecto.

El silencio era fúnebre. Ismael puso la pelota y se alejó unos metros. La adrenalina alertaba hasta la última de sus células.

Llegó el momento. Corrió unos metros con la mirada clavada en el balón y con la camiseta bien puesta. Su botín nuevo vibró tras el certero golpe que propinó. Se podía oír caer una alfiler. El balón tomó la trayectoria con gran velocidad, pero lamentablemente fue a dar fuera del arco rival y el equipo de Ismael perdió el Campeonato.

La perseverancia va mucho más allá que la misma palabra. También debe ir acompañada de ser realista y aprovechar los recursos que nos presenta la vida. El sólo hecho de ser perseverante no nos asegura un éxito, pero sí la mirada profunda de nuestra realidad, de nuestras fortalezas y debilidades. El Buen vendedor sabrá siempre aprovechar la lección.

 

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  1. Los defectos son los de menos, hay que seguir por que el tiempo no espera, la vida pasa…..y cada oportunidad que se presenta, hay que aceptar la realidad pase lo que pase…la vida sigue volver a empezar..

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